
En un escenario global donde el gran reto del agro es producir más con menos recursos, los agricultores ecuatorianos están demostrando que la respuesta no está en saturar la tierra, sino en usar la inteligencia tecnológica. El cantón Santa Lucía se ha convertido en el epicentro de esta transformación, logrando un salto histórico en el rendimiento arrocero gracias a la nutrición de precisión.
Uno de los protagonistas de este cambio es Miguel Ángel Castro, un productor que lidera la gestión de unas 40 hectáreas del grano. Para Castro, el cambio entre el antes y el después de la tecnología es radical.
«Cuando uno entra al cultivo puede notar la diferencia. Se observa un arroz uniforme, con buen color y buen desarrollo», asegura con orgullo.
El agricultor confirma que, en campañas climáticas favorables, sus tierras han alcanzado un techo productivo de entre 40 y 50 sacas por cuadra, una cifra altamente competitiva para el sector. ¿El respaldo detrás de este éxito? La incorporación de un paquete tecnológico enfocado en la eficiencia: Triturar, Active, Radical PAC y PhosTech.
Eficiencia: El nuevo mantra del agro
La verdadera innovación de este modelo rompe con el viejo mito agrícola de que «a más fertilizante, mejor cosecha». La estrategia actual se centra en la absorción óptima: lograr que la planta aproveche hasta la última gota de nutriente.
José Andrés Alarcón, representante de Ferpacific —la empresa detrás del impulso de estas herramientas en el país—, señala que el futuro de la agricultura ecuatoriana depende obligatoriamente de la eficiencia. El portafolio tecnológico actúa directamente en los puntos críticos del suelo:
- Active: Actúa como un escudo para el nitrógeno, frenando drásticamente sus dos grandes enemigos: la volatilización (pérdida en el aire) y la lixiviación (lavado por exceso de agua).
- PhosTech: Se encarga de proteger y activar el fósforo presente en el suelo, asegurando que esté disponible y asimilable justo cuando la planta más lo necesita.
Con casos de éxito como el de Santa Lucía, el sector arrocero de Ecuador empieza a dibujar su nuevo rostro: una actividad moderna donde la alta rentabilidad económica ya no pelea con la sostenibilidad ambiental, sino que caminan juntas.




