La vida útil de la tecnología entra en la agenda ambiental de las empresas

Equipos y componentes diseñados para operar durante cientos de miles de impresiones abren una nueva discusión sobre cómo reducir residuos, consumo de recursos y reemplazos innecesarios en las organizaciones.

¿Cuánto tiempo debería durar un equipo tecnológico antes de convertirse en residuo? La pregunta comienza a adquirir mayor relevancia para las empresas que buscan reducir su impacto ambiental, en momentos en que la sostenibilidad ya no se limita al reciclaje, sino que incorpora decisiones relacionadas con la durabilidad, el consumo de recursos y el ciclo de vida de los productos.

En el sector de impresión y gestión documental, uno de los principales desafíos está precisamente en extender la vida útil de equipos y componentes. Mientras menos piezas necesiten ser reemplazadas durante la operación, menor será la cantidad de materiales utilizados y de residuos generados.

Esta premisa forma parte del desarrollo tecnológico de Kyocera Document Solutions, compañía japonesa que desde 1992 trabaja bajo el concepto ECOSYS, una estrategia de diseño que combina criterios ambientales y económicos mediante componentes de larga duración y una menor necesidad de sustitución de piezas.

La evolución ha sido significativa. De acuerdo con información oficial de la compañía, la primera generación de esta tecnología incorporó un tambor fotoconductor con una duración de 300.000 páginas. En 2011, el desarrollo de nuevos materiales permitió superar el millón de páginas en determinados fotoconductores, mientras que posteriores innovaciones alcanzaron las 600.000 páginas en otras unidades.

En el mercado ecuatoriano, algunos componentes utilizados en determinados equipos pueden alcanzar las 500.000 impresiones antes de requerir reemplazo, de acuerdo con información técnica proporcionada por Kyocera y KM Solutions. Esto significa que piezas que tradicionalmente forman parte del mantenimiento periódico pueden permanecer operativas durante períodos considerablemente más largos.

El impacto de prolongar la vida útil va más allá de la durabilidad. Cada componente que no necesita ser sustituido evita el consumo de nuevos materiales asociado a su fabricación, transporte y posterior disposición. “Uno de los cambios que estamos viendo es que las empresas comienzan a analizar la tecnología no solamente por su capacidad o precio, sino por cuánto tiempo puede permanecer operativa y qué cantidad de residuos genera durante toda su vida útil. La sostenibilidad también significa utilizar mejor los recursos y evitar reemplazos innecesarios”, señala Diana Lara, CEO de KM Solutions, distribuidor autorizado de Kyocera en Ecuador.

El documento técnico presentado para el mercado ecuatoriano señala, además, que en determinadas configuraciones la diferencia en piezas reemplazadas puede llegar a una relación de cinco a uno frente a otros equipos del mercado. La reducción responde principalmente a la utilización de componentes y tóners de mayor duración.

La estrategia coincide con un principio que cobra cada vez mayor importancia dentro de la economía circular: antes de reciclar un producto, resulta fundamental reducir el consumo de recursos y prolongar su utilización.

Kyocera aplica este criterio desde la etapa de desarrollo de sus productos. Su modelo de diseño ambiental considera cinco aspectos: mayor vida útil, conservación de recursos y energía, reducción-reutilización-reciclaje —las denominadas 3R—, facilidad para separar materiales al final de su ciclo y eliminación de determinadas sustancias químicas.

La industria tecnológica enfrenta el reto de pasar de una lógica basada en sustituir componentes con frecuencia hacia modelos que prioricen su permanencia y aprovechamiento.

El planteamiento tiene consecuencias ambientales concretas: disminuye la cantidad de piezas desechadas y reduce los recursos necesarios para producir sus reemplazos.

La compañía ha establecido incluso como horizonte el denominado “Eco-Reduce Zero”, un concepto que busca avanzar hacia equipos capaces de operar sin generar residuos derivados del reemplazo de componentes hasta que la propia máquina llegue al final de su vida útil.

Este cambio tecnológico plantea un nuevo desafío para las organizaciones ecuatorianas. Al momento de adquirir equipos, variables como el precio o la velocidad comienzan a compartir espacio con otros indicadores: vida útil, consumo energético, frecuencia de mantenimiento, número de componentes que deberán reemplazarse y cantidad de residuos que se generarán durante los años de operación.

El análisis es particularmente relevante para organizaciones con altos volúmenes documentales, como instituciones financieras, entidades públicas, empresas de salud, aseguradoras, universidades y grandes corporaciones, donde un equipo puede procesar miles de documentos cada mes.

La sostenibilidad tecnológica, por tanto, empieza mucho antes del reciclaje. Comienza en el diseño del producto, continúa con la decisión de compra y se extiende durante todos los años en que ese equipo permanece funcionando.

En una economía que busca producir y consumir de manera más responsable, hacer que la tecnología dure más puede ser una de las formas más directas de generar menos residuos.