
La Cámara Nacional de Acuacultura advierte que la acumulación de costos pone en riesgo la continuidad de empresas de la cadena camaronera. El incremento de la tarifa eléctrica se suma al encarecimiento de los combustibles, la harina y el aceite de pescado, y a las presiones sobre otros insumos agrícolas utilizados en la producción de alimento para camarón.
No se trata únicamente de menores márgenes: está en juego la capacidad de seguir operando y sostener empleos. Competimos en mercados internacionales donde no podemos trasladar automáticamente cada nuevo costo al precio de venta, mientras productores de países como India acceden a energía más barata.
El ajuste para consumidores de alto voltaje también genera diferencias de costos entre empresas de una misma actividad, según su categoría tarifaria. Además, sus efectos se extienden por la cadena: el encarecimiento del alimento balanceado, el procesamiento y la refrigeración presiona incluso a quienes no reciben directamente el aumento.
A los mayores costos se suman las interrupciones del suministro. Los laboratorios y las fincas trabajan con animales vivos; las plantas procesadoras y la logística dependen de una cadena de frío continua. Una desconexión prolongada puede causar pérdidas que no se recuperan cuando vuelve la electricidad.
Las decisiones sobre tarifas y suministro requieren evaluar estos impactos y mantener un diálogo técnico con los sectores afectados. Se debe trabajar con claridad desde ahora sobre los criterios y las condiciones de la revisión tarifaria anunciada para diciembre, y planificar el suministro y las desconexiones considerando las necesidades y la capacidad real de respaldo de cada eslabón.
La continuidad de las empresas y del empleo no puede quedar fuera de las decisiones de política energética.



